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�Qu� significa? -Mortificación. Es un santo recordatorio de pureza, para aclarar los
pensamientos de la manera debida.
Se detuvo, reteniendo el aliento. Sus dedos volaron hacia su cintura. Una ola de
sonrojo invadió su cara al comprender lo que hab�a sucedido. Chimal asintió con un
movimiento de cabeza.
-S�, es tuyo. Te lo quit�. Tengo poder sobre ti, ahora lo comprendes. �Me llevar�s al
lugar de los zopilotes? -Ella sacudió la cabeza negando y �l dio un solo paso hacia ella,
diciendo-: S�, lo har�s. Me llevar�s all� para que pueda volver entre mi gente y entonces
Podr�s olvidarme. No podr� hacerte ning�n da�o cuando est� de regreso en el valle. Pero
si me quedo contigo, s� lo que he de hacer con tu tab�. Esta vez har� m�s que quitarte tu
mortificación. Te abrir� el vestido, te lo quitar�...
Steel cayó, pero no se desmayó. Chimal no la ayudó a levantarse porque sab�a que su
contacto pod�a llevarla demasiado lejos y entonces no le ser�a de ninguna utilidad. Ahora
era sólo el miedo de lo que podr�a valerse para empuarla. Lev�ntate -dijo Chimal- y
cond�ceme all�. No puedes hacer nada m�s.
Se apartó mientras ella se levantaba asi�ndose a los estantes. Cuando Steel empezó a
andar, �l siguió aun paso tras ella, sin tocarla, la cosa de matar preparada en la mano.
-Evita ala gente -le advirtió-. Si alguien trata de detenemos, los matar�. As� que si los
llamas ser�s t� quien los matar�.
Chimal ignoraba si esta advertencia significaba algo para ella, si buscaba pasajes
desiertos o si aquel camino estaba normalmente vac�o de gente, pero en todo caso no
encontraron a nadie. Una vez se divisó un movimiento en una encrucijada hacia delante,
pero cuando llegaron all� no hab�a nadie,
Transcurrió largo tiempo hasta que llegaron a la caverna lateral que se desviaba de la
principal, Steel, tambale�ndose de fatiga, la se�aló sin pronunciar palabra, pero movió la
cabeza en se�al afirmativa cuando Chimal le preguntó si aqu�l era el t�nel que conduc�a
a su destino. Le recordaba mucho' el camino por donde hab�a entrado. El suelo era de
roca lisa, mientras que las paredes y el techo eran �speros y llevaban todav�a las marcas
de las herramientas que' los hab�an cavado. Aqu� hab�a una diferencia importante: dos
delgadas barras de metal estaban fijas al suelo y se extend�an a los lejos y se
desvanec�an dentro del t�nel recto como una flecha.
-D�jame -suplicó ella. -Seguimos juntos, todo el camino. No era necesario, todav�a
decirle que no ten�a ninguna intención de marchar de los t�neles, que sólo reun�a
información sobre ellos.
Era un camino muy largo y Chimal lamentó no haberse llevado agua, La Vigilante Steel
ahora se tambaleaba y se detuvieron dos veces para que pudiese descansar. Al extremo,
el t�nel emerg�a a una caverna m�s vasta. Las barras de metal continuaban, las
atravesaban y penetraban en otro t�nel al lado opuesto.
-�Qu� es esto? -pregunto Chimal, mirando a los objetos desconocidos a su alrededor,
-Ah� est� el camino -dijo ella, se�alando-. Puedes mover esta cubierta para mirar, y
estos son los controles que abren la puerta,
Hab�a un gran tablero de metal en la pared, donde ella se�alaba, con un disco en el
centro. El disco se movió hacia un lado cuando �l lo empujó, y pudo ver a trav�s de la
abertura que descubrió el disco. Se encontró contemplando, por una grieta entre dos
rocas, el cielo de la tarde. All�, azules en la lejan�a, pod�a ver el risco y la cadena de
cumbres que se alzaban m�s all� de Zaachila. Exactamente ante �l hab�a una cornisa
sombreada y la r�gida silueta de un zopilote. Mientras Chimallo observaba, el zopilote
abrió sus alas y se lanzó a la luz del sol; se alejó flotando en un gran c�rculo lento.
-Soy la Vigilante Steel -oyó que dec�a la muchacha. Chimal se volvió r�pidamente.
Steel estaba al otro lado de
la caverna y hablaba a un caja de metal que colgaba de la pared.
-El est� aqu� conmigo. No puede salir. Venid y apresadlo inmediatamente.
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Chimal agarró a la muchacha por el brazo, la apartó de la caja de metal y la arrojó al
suelo. La caja ten�a en la parte de delante un disco redondo, y botones, as� como una
abertura con ranuras. De �sta salió una voz.
-Vigilante Steel, tu informe ha sido o�do. Ahora comprobamos al ralort. Cu�l es tu
posición exacta...
Chimal levantó la cosa de matar y apretó la palanca de metal. Tambi�n mataba cajas
negras. La voz balbuceó y se interrumpió y la caja estalló en una llamarada.
-Es in�til -dijo Steel, sent�ndose y frot�ndose el brazo, los labios curvados en una fr�a
sonrisita de triunfo-. Pueden averiguar desde donde llam�, as�, pues, saben que est�s
aqu�. No hay manera de escapar.
-Puedo volver al valle. �Cómo se abre esta puerta de metal?
De mala gana, la mujer se dirigió al lugar donde sobresal�a de la pared una barra con
un mango negro, y tiro de la barra hacia abajo. La placa giró hacia afuera silenciosamente
y la luz del d�a iluminó la caverna. Un zopilote que iba a posarse en la cornisa de afuera,
asustado por el movimiento aleteó ruidosamente y se alejó volando. Chimal miró a trav�s
del valle y olfateó el aire fr�o que le era familiar, por encima del hedor de los excrementos
de las aves.
-Me matar�n inmediatamente si vuelvo all� -dijo. Y empujó a la muchacha afuera, sobre
la cornisa.
-�Qu� haces? -dijo ella, resollando. Despu�s chilló cuando �l empujó el mango en
sentido contrario y la puerta empezó a cerrarse. Sus gemidos estridentes dejaron de o�rse
cuando de pronto la roca chocó contra la roca.
Se o�a un ruido silbante que crec�a viniendo del t�nel, tras de Chimal, y sal�a una suave
corriente de aire de aquel t�nel. Chimal corrió, se arrimó de espaldas a la pared, junto a la
abertura, y levantó la cosa de matar. El ruido aumentaba y el viento que sal�a del t�nel
soplaba con m�s fuerza. Aquella gente ten�a grandes poderes: �qu� cosa extra�a [ Pobierz całość w formacie PDF ]

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